1.1. El deseo de felicidad y el sentido de la vida. El hombre como “capaz de
Dios”.
1.2. La búsqueda de las religiones.
Experiencia religiosa de la humanidad.
Objeciones
1. Hay
mucha gente que no tiene religión y parece que no les afecta para nada.
2. Los
medios de comunicación se interesan poco y nada por la religión. Y son un
reflejo de la sociedad.
3. La
religión es aburrida.
4. Las
religiones imponen muchas reglas y límites que no permiten ser feliz.
5. La
religión es para gente ignorante y crédula: hoy estamos en la época de la
ciencia y de la razón.
6. Hay
demasiadas religiones ¿cómo saber cuál elegir?
7.
Incluso hay personas que matan y hacen guerras por motivos religiosos.
8. La
religión rebaja la dignidad humana, sometiendo el hombre a Dios.
9. La
religión es “opio de los pueblos” y narcotiza el impulso para hacer un mundo
mejor.
Respuesta general
1. El
deseo de Dios está escrito en el corazón del hombre (“El hombre busca a Dios y no lo
encuentra”):
Ver CCE
27-30.
2. La
felicidad humana no está en las cosas creadas: Ver CCE 1718-1719.
Respuestas a las objeciones.
1. La tendencia religiosa humana es
irrefrenable: quien no la canaliza bien, la canaliza mal, pues todos tenemos un
“valor supremo” en nuestra escala de valores, el cual es nuestro dios.
2.
Los grandes medios de comunicación están “en
manos de grupos de poder y al servicio de intereses económicos, [y] a veces
violan la intimidad, favorecen la anarquía y publicitan la violencia. Es aún
más grave cuando se erigen en jueces que juzgan y condenan, confunden y
banalizan hasta lo más sagrado. En desmedro de la verdad, relativizan todo y
destruyen valores claves para la familia, la educación y el pueblo.” (CEA, Navega Mar Adentro 26).
3. ¿Encontrarse con Dios es aburrido? Dios
es la Vida Eterna,
la Verdad Total
y el Amor Infinito. Buscar y encontrar a Dios (o “el Paraíso Perdido” o “la Fuente de la Vida”, etc.) es la mayor
aventura imaginable. Por otra parte, la gente se aburre con lo que no
entiende... hasta que lo entiende (por ejemplo, pasa con los deportes).
4. Los límites verdaderos que aconseja el verdadero
Dios, resguardan la vida del hombre y su felicidad (ver Gn 2-3). Vivir sin
ningún tipo de límites lleva a la muerte (como pasa con las adicciones y
desenfrenos).
5. Lo veremos más adelante: La relación
entre fe y razón.
6. Lo veremos al tratar de la Revelación
divina y su cumbre en Jesús.
7. Los primeros cristianos eran
profundamente fieles a la enseñanza y al ejemplo de Jesús, se nos dice que: “Todos
los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones
y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada
uno... con un mismo espíritu, partían el
pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo.” (Hechos
2, 44-47). Y también: “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo
corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo
era en común entre ellos... y gozaban todos de gran simpatía. No había
entre ellos ningún necesitado...” (Hechos 4, 32-34).
En todo esto eran fieles al ejemplo de Jesús
quien dijo de sí mismo que “no ha venido a ser servido, sino a servir
y a dar su vida” (Marcos 10, 45), y al mandamiento nuevo de Jesús: “Les
doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los
he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos
reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a
los otros”. (Juan 13, 35). Y Jesús no sólo establece un amor
entre hermanos cristianos, sino un amor incondicional y universal que abarca
incluso a los “enemigos (ver Mateo 5, 43-48).
Y si hay cristianos incoherentes, siempre
está el clarísimo modelo que es Jesús, que desautoriza esas incoherencias. Pues
el cristianismo es cristianismo por Cristo; no es cristianismo ni por Pedro, ni
por Pablo... y mucho menos por Judas.[1]
8. El máximo nivel que puede alcanzar la
dignidad humana es la filiación divina... ¡somos hijos de Dios! (cf. CCE 27b). Y esto nos libera de todas las esclavitudes:
de la muerte –y del temor a la muerte (Hb 2,15)–, del pecado y de la Ley (cf. Rom 5-7)... para
vivir “en el Espíritu” (Rom 8); para vivir en la Vida, la Verdad y el Amor (cf. todo
el Evangelio de Juan).
9. La religión es
motivación para hacer un mundo mejor. Pues, por una parte, Jesús nos enseña que
sólo sirviendo a los hermanos más necesitados podremos acceder a su Reino
Eterno (Mt 25, 31ss)... lo cual significa que en el cristianismo la mística y
la moral son inseparables; y el núcleo de ambas está en las virtudes
teologales: fe, esperanza y caridad. Y, por otra parte, “todos estos frutos
buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado
por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontramos
después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando
Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal” (CCE 1050 citando GS
39,3).
[1] En cuanto al problema de las incoherencias de cristianos de otras
épocas, en realidad, es más difícil de analizar de lo que parece. Pues, si bien
el evangelio siempre fue el mismo, los condicionamientos históricos de las
distintas épocas son muy difíciles de evaluar a distancia. No existe un método
histórico que nos permita saber –concretamente– cómo veía el mundo una persona
de otra época. Y hay ejemplos recientes que nos muestran que la humanidad es
más precaria de lo que creemos.
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